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PARALÍTIC@S EMOCIONALES

Un grupo de científicos encerró a cinco monos en una jaula. En el centro de la misma colocaron una escalera  y, sobre ella, un montón de plátanos. Desde el primer día, cuando uno de los monos subía por la escalera para coger los plátanos, los científicos lanzaban un chorro de agua helada sobre los que se quedaban en el suelo. A base de repetir esta práctica, los monos aprendieron  las consecuencias de que uno de ellos subiera por la escalera. Cuando algún mono caía nuevamente en la tentación de ir a coger los plátanos, el resto se lo impedía de forma violenta. Entonces los científicos sustituyeron a uno de los monos originales por uno nuevo. Lo primero que hizo el mono fue ir a por los plátanos. Pero antes que pudiera cogerlos, sus compañeros de jaula lo atacaron agresivamente, evitando así ser rociados con el chorro de agua fría. Después de algunas palizas, el nuevo mono nunca más volvió a subir por la escalera. Un nuevo mono fue sustituido, y ocurrió exactamente lo mismo, e incluso el penúltimo mono nuevo también participaba en las palizas que le daban al nuevo. Con el tiempo, el resto de monos originales fueron sustituidos por otros nuevos, quedándose el grupo con monos totalmente nuevos, los cuáles jamás recibieron el chorro de agua helada.

Finalmente, todos ellos se quedaron en el suelo resignados, mirando los plátanos en silencio. Si hubiera sido posible preguntarles por qué pegaban con tanto ímpetu a cualquier mono que quisiera subir por la escalera, seguramente la respuesta hubiera sido : “No lo sé. Aquí las cosas siempre se han hecho así”.

Las personas crecen condicionadas para obedecer las directrices; de los padres, profesores, adultos, sociedad, política, normas, jefes, bancos….. y hacemos todo lo posible para no salirnos del camino, rechazando ideas nuevas y personas con ideas nuevas, tachándolas de locos o raros o pensando en el fracaso ajeno. No nos gusta cambiar, esto lo tenemos claro, porque la mayoría de veces que lo hemos hecho, no lo hemos escogido, sino que no hemos tenido otro remedio. Y si no hemos tenido otro remedio es porque la decisión última de cambio nos ha venido impuesta (despido, separación, muerte, hijos, país…). Hemos asociado el cambio con la frustración o el fracaso. Y esta asociación errónea es lo que ha aprendido nuestra mente, y para evitar el dolor que produce la frustración y evitar el cambio, aparecen unos mecanismos de defensa con el único objetivo de paralizarnos psicológicamente.

La televisión, los comentarios negativos en el bar de turno, la presión del trabajo, el vox pópuli de la crisis, tienen una única función, controlar a la sociedad, aborregarla o acojonarla para que no mueva el culo. Se le llama miedo. Miedo a perder, miedo a opinar, miedo a destacar…., y al tener miedo, el estado, las instituciones sociales aparecen como salvadores de los pobres ciudadanos cobardes que aún confían en ellas.

Para poder justificarnos de por qué soy un borrego paralizado y que no me atrevo a cambiar, a decidir por mí mismo, aparece el autoengaño. El autoengaño justifica nuestras acciones (no hacer nada) para no tener que enfrentarme a mis inseguridades. Prefiero mirar hacia otro lado cuando la cosa se pone fea, aunque mis principios y valores como persona se retuerzan de dolor en mi más profundo yo interno.

Y como me autoengaño pensando que no puedo hacer nada o que no vale la pena (cuándo en realidad es que no tengo capacidad, porque estoy invadido por el miedo) es cuándo necesito alejarme de todo esto, quedar embabiado, distraerme, no pensar. Y la sociedad de hoy día sabe mucho de cómo ofrecer la zanahoria a los burros, -bebe, fuma, baila, haz una escapada, viaja, compra, ves al restaurante, mira fútbol, pasea como un zombi por un centro comercial, juega, liga, ten sexo, encadena una relación con otra-…. La oferta es interminable.

Y teniendo en cuenta mis miedos, mis carencias, mis engaños emocionales, creer que esto es lo que hay porque siempre se ha hecho así, no atreverme a cambiar, narcotizarme con cualquier forma de entretenimiento, etc, etc, tarde o temprano aparece el sinsentido de mi vida, la apatía y aburrimiento, la crisis personal, la frustración y en vez de pensar que la opción de crear la vida que quieres reside en ti mismo/a, preferimos culpar a quién tengo a mi lado (que ya no me llena), a los hijos (que son rebeldes), a tu trabajo (que el jefe es un cabrón), a tu familia (que la suegra se mete en todo), a los políticos (que son unos corruptos y nos roban), y lo peor de todo pensar que la vida que llevamos es la única posible.

Porque soy demasiado mayor, demasiado joven, porque yo soy así, porque no puedo hacer nada, porque no me puedo quejar, porque no vale la pena…. todas las creencias limitantes salen a flote, y la mayoría de personas no las ven, o no las quieren ver, porque la pereza, el bajo estado de ánimo me impiden hacer con mi vida aquello que (en el fondo) sé que podría realizar.

Para cambiar solo hace falta dar el primer paso.